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Respuesta a la llamada de Jesús

Respuesta a la llamada de Jesús

Toda llamada da lugar a diversos comportamientos por parte de quienes son llamados, uno de estos es ser sordo a la llamada y por ende no responder; otro es dejarse interpelar tanto por la persona que llama como por el contenido de la llamada, actitud que activa el proceso de discipulado, la escucha se traduce en seguimiento.

La respuesta se da desde el discipulado que es un camino.  Dios tiene para cada joven su propio camino de encuentro.  Uno de estos, es a través de otros jóvenes, a lo que “llamamos Iglesia Joven”[1].   El joven cristiano, siendo el rostro visible de Dios, revela la presencia del Padre a sus amigos, así es que el encuentro con Jesucristo se da a través del testimonio de los jóvenes que han tenido un encuentro personal con el Señor.

El discípulo es un caminante, es en la actitud de caminante que Jesús, Maestro, Amigo y hermano, instruye y va formando al discípulo, el discípulo es un seguidor de Cristo.

Discipulado es ponerse tras las huellas de Jesucristo “el camino, la verdad y la vida” (Jn. 6, 14).  La experiencia de caminar con Jesucristo es, ante todo, de acogida de la vida del Maestro, es identificación con su persona, con su modo de vivir.  “El discípulo es un seguir de Cristo”[2].

El discipulado es un proceso en el que se va viviendo una experiencia de crecimiento, que no necesariamente es lineal; hay altibajos.  La perseverancia da lugar para ir madurando en la identificación de Cristo, se pasa de ser de la multitud (Lc. 5,3) a ser discípulo (Lc. 6, 13).

El discipulado conlleva la dinámica de la llamada divina y la respuesta humana, la llamada es gratuidad, la respuesta es libertad, entendida no simplemente como posibilidad de elegir, sino más bien como capacidad para alcanzar la realización, el sentido de la vida, la plena existencia en la acogida existencial del amor de Dios.

El joven buscador de sentido, responde al llamado de Jesucristo, porque descubre en él a alguien que da sentido a su vida, que llena su existencia.

La respuesta libre del discípulo implica compartir con él la pobreza de medios: “No tengo donde reclinar la cabeza” (Lc. 9,57-58), Abandonar su propia persona, “si alguno quiere venir conmigo y no se niega a sí mismo no es digno de mi” (Lc. 14,26) de decisión radical “no mires atrás” (Lc, 9, 61-62), obedecer “Mi alimento es hacer la voluntad del Padre” (Jn. 4,34).

La respuesta al seguimiento de Jesús se traduce en proceso de conversión, que implica escucha y discernimiento de la realidad, una espiritualidad de comunión y participación.  También implica comunidades eclesiales del discípulo amado en torno a Jesucristo, Maestro y Pastor.

Ser discípulo misionero es seguir a Jesucristo, vivir en intimidad con él, imitar su ejemplo y dar testimonio.  “Supone además estar profundamente enraizado en El.  Por eso discipulado y misión son como las dos caras de la misma moneda”[3] cuando el joven se hace discípulo del Señor, escucha su llamada y surge la respuesta libre a esa convocatoria, no puede dejar de anunciar esa buena nueva, como lo expresa San Juan“Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos… es lo que les anunciamos” (1Jn 1,1).

En reflexión y vivencia:

  1. Ud ha encontrado a Jesús y vive el discipulado con Él?
  2. Cómo podemos ser díscipulos misioneros de Jesús?

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